Escocia dice adiós a la educación basada en competencias, cuyas bondades vende la ‘ley Celaá’

La nación del Reino Unido, pionera en adoptar este modelo educativo en detrimento de los conocimientos, cambia el rumbo tras comprobar su fracaso

La amenaza de la ley Celaá se cumple en un libro de texto que “explica” qué es la atmósfera sin definirla.

Escocia se baja de la ola de la educación por competencias o habilidades, que en la práctica, marginaba los conocimientos. La nación británica, que hace 13 años optó por introducir The Curriculum for Excellence (es decir, el curriculum para la excelencia), y que aniquilaba de forma explícita el contenido en el aprendizaje a costa de una serie de ambiguas competencias y habilidades, ahora da marcha atrás y abandona dicho modelo educativo.

Escocia fue pionera en abrazar la Educación Basada en Competencias (EBC), promovida en su momento por organizaciones internacionales como la OCDE y la Unión Europea, buscando la manera de abordar lastres como el abandono educativo y las desigualdades sociales. Algo que no se ha debido producir a lo largo de todo este tiempo cuando se ha animado ahora a cambiar el rumbo.

Se da la circunstancia que, en España, la aprobación de la vigente ley educativa, la LOMLOE, en el año 2021apostaba precisamente por la adquisición de las competencias –definidas en el texto como una serie de habilidades, conocimientos y actitudes– como parte de un modelo ahora rechazado por el país gaélico.

El ocaso de este modelo educativo

La EBC se introdujo en Escocia a finales de los años ochenta del siglo pasado, con el objetivo de proporcionar a los alumnos un aprendizaje más flexible, y formaba parte de una amplia reforma tanto del currículo nacional como del sistema de evaluación.

Los defensores de este modelo opinaban que prepararía a los estudiantes escoceses para los retos y oportunidades del siglo XXI.

Según recoge el especialista Jordi Martí en su blog XarxaTIC, la falta de claridad y coherencia en la definición y la evaluación de las competencias, la complejidad y la burocracia del sistema curricular y de evaluación, la falta de apoyo y recursos para los profesores y las escuelas, y sobre todo, la falta de pruebas y de impacto de la EBC en el rendimiento y el progreso de los estudiantes, han provocado este cambio de rumbo.

Y es que no existen pruebas claras y sólidas que indiquen que este modelo haya mejorado la calidad de la educación, o bien que haya permitido reducir las tasas de abandono escolar.

 

Publicado en El Debate.com